Lo que buscan estos saboteos es “impactar en la vida cotidiana, en el día a día de las personas, para generar la sensación de que no hay gobierno".
Los antecedentes cercanos a estos actos de sabotaje sucedieron en abril, antes de las elecciones presidenciales en las que aumentaron y luego bajaron con el paso del tiempo, hasta volver con el corte del 3 de septiembre de 2013, después de la militarización del sistema eléctrico que Chacón anunció que serviría para prevenir ataques externos pero no los internos realizados por personal con conocimiento técnico del sistema.
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Pese al aumento, en ese período pre electoral, no hay tantos registros de hechos específicos pero si de datos contundentes y llamativos que demuestran un patrón común acorde al resto: la detención de 67 personas por “sabotear el sistema eléctrico” en abril de 2013, entre ellas cinco que fueron capturadas en Aragua mientras manipulaban un tendido eléctrico sin ser trabajadores de Corpoelec ni tener permiso de hacerlo, según la información oficial.
Incluso, en esos días se dio una extraña falla eléctrica que afectó a la mitad de Caracas una semana y media antes de las elecciones por obra de las "casualidades", lo que demuestra el aumento de estos incidentes en contextos de elecciones sin la explicación de causas naturales, como sucede en la mayoría de las interrupciones de América Latina que no están en el marco de tiempo y causas como estas, de acuerdo al informe del Servicio Eléctrico ante Situaciones de Emergencias de Marcelo Castillo, director de regulación de Endesa Latinoamérica, que no es muy chavista que digamos.
Además, lo mismo sucedió semanas antes de la última elección presidencial del Comandante Hugo Chávez el 7 de octubre de 2012, cuando un grupo de personas intentaron cortar los cables de alta tensión y afectaron el suministro eléctrico del norte de Caracas, lo que también se repitió en Catia cuando desconocidos lanzaron un objeto a las barras de mediana tensión e interrumpieron el servicio.
Además en ese periodo fueron detenidos Wilfredo Peroza y Domingo Sánchez luego de ser acusados de tirar una guaya a las líneas de mediana y alta tensión en el sector Las Calderas del municipio Colina, Falcón, lo que ocasionó un corto circuito y activó un sistema de protección que dejó sin energía a la zona, de acuerdo a lo descrito por el entonces presidente de Corpoelec, Argenis Chávez.
Incluso, en junio de 2012, el ex ministro del Poder Popular para la Energía, Héctor Navarro, presentó a los medios pruebas fotográficas, documentales y peritajes técnicos sobre once sabotajes comprobados entre 2008 y 2012, entre los que destacaban cortes de cable, falta de tornillos e incendios, que en el caso de la subestación de Barbacoa, Anzoátegui, provocaron la destrucción total de su sala de control.
La guerra del Gobierno contra el destruir sin que el mañana importe.
Varela sostiene que “el sistema eléctrico venezolano fue construido en la Venezuela saudita mediante megaproyectos e importaciones a dólar bajo, lo que permitió mantenerlo hasta fines de los 80 en los que se produjo una desinversión deliberada a tal punto que Chávez llegó a la presidencia con un estado crítico y un acumulado de miles de millones de dólares para solo tenerlo en funcionamiento”.
Según el técnico, la reversión de estos daños “implican años continuos de inversión, mantenimiento y formación de personal, no se resuelve de un día para otro como se ha querido hacer ver”.
En ese sentido, destacó que esto genera “una situación de complejidad en un sistema denso y ramificado, que es del primer mundo pero sumamente vulnerable por una condición estructural”, que el nuevo ministro Chacón ha buscado revertir de a poco con objetivos específicos como sumar plantas medianas de generación eléctrica, energías alternativas, una política de concienciación sobre el consumo y un plan de formación de personal para contingencias.
Ante esto, el asesor en planificación del ministerio remarca que se dan dos tipos de saboteos: “Se ve que actúan grupos con distintas modalidades, unos atacan por atacar pero otros actúan con conocimiento del sistema y en la mayoría de los casos buscan que se genere un efecto dominó que afecte lo máximo posible al sistema”.
Para Varela, la intención es clara: en el marco de la guerra de baja intensidad, “impactar en la vida cotidiana, en el día a día de las personas, para generar la sensación de que no hay gobierno al conjugar esto con ataques sistemáticos a otras infraestructuras sociales con el objetivo de exacerbar las contradicciones internas, y así desestabilizar más eficaz y cómodamente con menos gasto económico, que un conflicto convencional”.
Fuente LaIguanaTV/02/04/14
Compilador. William Castillo Pérez
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